Puede que lleves veinte o treinta años corriendo, y lo notas: ese ritmo que antes fluía sin esfuerzo ahora te exige mucho más. O puede que te estés calzando las zapatillas por primera vez y te preguntes si tiene sentido empezar a correr a los 60. En ambos casos, estás pisando terreno ya conocido. Qué cambia realmente en tu cuerpo a partir de los 60, cuánto peso tienen esos cambios en tu entrenamiento y qué conviene saber ya desde los 40: la ciencia tiene respuestas claras.